Por: Lexie Ivanova.
“La Infancia conoce el corazón humano”
Hemos escuchado tantas veces las frases repetitivas que profesan: “Los niños son la esperanza del futuro” ó “son nuestra esperanza”; aunque suenen a palabras vacías, carentes de contexto y profundidad en el significado, es cierto. Ya que nuestro futuro es el día de mañana, las próximas 24horas, es ese dentro de 5 minutos, son los años venideros, nuestro futuro comienza en el próximo segundo de vida y nuestra esperanza es volver a ser como ellos, humildes, sencillos, ingenuos, alegres, recordar solo los momentos hermosos y perdonar, perdonándonos a nosotros mismos.
En definitivas si son nuestra esperanza o mejor aún nosotros somos su esperanza, de creer en ellos, de valorarlos como seres humanos e hijos de Dios, llenos de sabiduría y diversidad de Dones otorgados.
Y no es solo el hacer de este mundo, un mundo mejor para ellos, sino de hacerlos mejores para el mundo, cuya naturaleza actúa de manera perfecta y equilibrada, donde el reino animal posee un instinto que supera a la inteligencia humana y su obediencia y aceptación de su condición transciende los límites de la vanidad humana.
Con respecto a la definición “Infancia” dícese de la etapa que comienza desde el momento de su creación hasta bien entrada la pubertad, una definición científica que tiñe más a lo relativo. Los infantes somos los adultos quienes pretendemos tomar decisiones que mueven al mundo, pero cuando el mundo nos mueve no somos capaces de tomar ninguna decisión, decidimos tanto que decidimos no decidir y esa es también una decisión.
Así que me detengo a hacer referencia a Severn Suzuki, una chica que silenció por 6 minutos a una comitiva en Brasil en el año 1992, cuando leyó su discurso y entre sus frases estaba: “Las decisiones que ustedes toman me hacen llorar todas las noches”.
Suelen decir que los niños son quejumbrosos, lloran demasiado cuando nacen, son un gasto, una inversión eterna, por lo menos ellos comunican sus sentimientos y necesidades, los adultos nos callamos y nos aislamos como si el silencio nos trajera respuesta que vendrán vía satélite o producto del cosmos.
Hay adultos que dicen que no les gustan los niños, hay niños que dicen que no les gustan ciertos adultos, la diferencia yace en la actitud, mientras los adultos repudian a los niños y se quedan en el repudio, los niños aceptan que a ese adulto no les gustan, se ríen, juegan, se divierten con ello y luego lo olvidan.
Lo mismo ocurre con los animales, ellos aceptan mientras que el adulto cuestiona, ha de ser por ello que los niños y los animales siempre han tenido por excelencia una comunicación indescriptible.
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